AZULFUERTE
Asociación contra la Discriminación por razón de Sexo

 
 
 
 

"La vida es peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver qué pasa."
(Albert Einstein)
"La obra maestra de la injusticia es hacer que algo parezca justo sin serlo."
(Platón)

 
 
     

La Desigualdad de la Igualdad

 

Aportación Española a las políticas
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TRIBUNA LIBRE
 

No más guerra

por Erin Pizzey

He leído el artículo 'El rostro de la desesperación' de Nuala Fennell con profunda nostalgia. Recuerdo bien mi primera visita a Harcourt Terrace, en Dublín. La enorme casa, al igual que mi propio albergue de Chiswick, rebosaba de madres desesperadas, acompañadas de sus hijos. Me gustó mucho que el comité de Women’s Aid de Dublín estuviese integrado por hombres y mujeres. La experiencia personal me había enseñado que mi madre era tan violenta como mi padre. Siempre pensé que era una terrorista doméstica. En mis recuerdos, aún puedo verme a la edad de seis años tratando de convencer a mi profesor de la escuela de Toronto (Canadá) de que los enormes moratones de mis piernas los había causado mi madre al azotarme con el cable de la plancha. El profesor se negaba a creerme. Mis padres trabajaban en el Foreign Office, por lo que la idea de la violencia doméstica era impensable. Sin embargo, mis dos padres eran violentos, y ambos tenían antecedentes familiares de violencia y trastornos. El comportamiento excéntrico y disfuncional de mi padre era conocido entre las personas que trabajaban con él. Perdía con facilidad los estribos y se enfurecía e insultaba a la gente. Al igual que muchos niños de hogares violentos, no teníamos amigos. Sin embargo,  mi madre gozaba de gran estima, ya que se comportaba como un ángel en la calle y como el mismo demonio apenas traspasaba el umbral de su casa. Pero no había testigos de su comportamiento violento. 

En aquellos primeros tiempos no había albergues en Irlanda, por lo que muchas de las mujeres que huían de la violencia en Dublín acudieron al albergue de Chiswick. Nuala menciona en su artículo mi película 'GRITAD SIN HACER RUIDO, O LOS VECINOS LO OIRÁN'.  Cuando la película se exhibió, la historia narrada en ella por una sollozante mujer irlandesa conmovió a la audiencia del país. Esa mujer había huido de su casa en Irlanda temiendo por su vida y dejando tras ella tres niños. Era una auténtica víctima de la violencia de su marido. Necesitaba un albergue, un buen abogado que lograse que sus hijos se reuniesen con ella y un lugar seguro para vivir lejos de su marido psicópata. 

Rose también llegó de Irlanda con siete niños y, al igual que ellos, había sido golpeada salvajemente. Su violento marido, que era un conocido delincuente, había abusado también sexualmente de los niños. Pronto se puso de manifiesto que Rose también maltrataba a sus hijos y seguía ejerciendo su oficio de prostituta en las calles de Chiswick. Rose no sólo era víctima de la violencia de su marido, sino también víctima de la violencia y los abusos sexuales sufridos en su propia infancia.  Sin nuestra ayuda y nuestro asesoramiento constante, las perspectivas de sacar a Rose y a sus hijos de ese círculo de interminable violencia no parecían muy halagüeñas. 

Los hijos varones de Rose seguían el ejemplo de su padre. Montaban en cólera cuando se sentían frustrados y se pegaban entre ellos o sacudían a otros. Ambos padres imponían su autoridad a patadas y puñetazos y los chicos habían aprendido esas primeras lecciones demasiado bien. Las niñas volvían contra sí mismas su rabia y su cólera, se automutilaban y provocaban peleas entre los demás niños. Las tiendas locales pronto se quejaron de que las niñas robaban y merodeaban alrededor de los lavabos de caballeros pidiendo dinero a cambio de mostrar sus incipientes pechos. Nunca pude entender cómo los llamados 'expertos' imaginan que sólo los niños se contagian de la violencia familiar y que las niñas gozan de algún tipo de inmunidad. Rose y sus hijos necesitaban nuestra ayuda y, de hecho, vivieron a nuestro cargo durante varios años. Rose, al igual que mi madre, era una mujer proclive a la violencia y no sólo necesitaba un albergue, sino también una terapia.

[continuar]

 
   
   
 
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QUÉ ES AZULFUERTE

Azulfuerte - Asociación contra la Discriminación por Razón de Sexo celebró su reunión fundacional en Madrid el día 4 de mayo de 2002. Desde entonces ha trabajado incansablemente para alcanzar los fines establecidos en sus Estatutos, entre los que cabe citar los siguientes:

- El estudio e investigación de todas las cuestiones relativas a la discriminación por razón de sexo desde los puntos de vista social, científico, médico y legal.
- La representación y defensa de sus afiliados ante la ambigüedad y el vacío legislativos y jurisprudenciales en torno a la igualdad entre sexos.
- El seguimiento y denuncia, en su caso, de las actividades de cualquiera de las instituciones públicas, legislativas, ejecutivas y judiciales, que por vía de hecho, menoscaben o lesionen derechos inalienables de la persona.
- La defensa de los derechos del menor.

A pesar de los tratados internacionales sobre derechos humanos y los mandatos constitucionales, estamos asistiendo en nuestra sociedad y en nuestro tiempo a la práctica abusiva de criterios discriminantes por razón de sexo, llegando en casos a la promulgación y ejecución de normativas legislativas incompatibles con el espíritu y la letra de nuestra Constitución.

Azulfuerte denuncia esas prácticas y toda actividad que menoscabe el inalienable derecho de las personas al trato igualitario ante la ley. Asimismo, promueve el estudio y la investigación de los aspectos sociales y legales imbricados en la discriminación:

- Impulsando los estudios individuales o colectivos de los socios.
- Organizando simposios y conferencias o participando en ellos.
- Publicando y difundiendo informes y comunicados.
- Creando una base de datos que permita profundizar en el conocimiento de estos temas.

Azulfuerte es además punto de referencia y nexo de unión para muchas personas directamente afectados por el trato desigual y, con frecuencia, abusivo, que la sociedad con sus costumbres y el Estado con sus leyes dispensan en función del sexo, en particular en los casos de separación y divorcio.

Dentro de Azulfuerte podrás encontrar personas que han pasado por una nefasta disolución de su pareja, incluida la perdida de los hijos en muchos casos; de la salud y la libertad, a veces; y de su posición social, siempre.

Bienvenidos a Azulfuerte, un espacio para la dignidad, la igualdad y el respeto.

 
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