AZULFUERTE
Asociación contra la Discriminación por razón de Sexo

 
 
 
 
 
 

El club de las segundas esposas

 Donna Laframboise

Tratar ásperamente a los hombres divorciados a menudo se tiende a justificar como un modo de apoyar a las mujeres y a los niños.  Pero los retoños, los parientes femeninos y las segundas esposas de estos hombres resultan profundamente dañados por este estado de cosas.  Muchos segundos matrimonios, por ejemplo, no consiguen sobrevivir al stress asociado.  Lo que sigue son observaciones e introspectivas (de entrevistas, e-mails y cartas) que he recibido de miembros del club de las segundas esposas, las mujeres a las que nadie escucha en las discusiones sobre divorcios...

"No puedo vivir así más.  La madre biológica le dice a mi hijo cuando puede ser un padre (que es cuando ella necesita un canguro).  La madre biológica fue la que quiso el divorcio, la biomamá nunca soportó a los bebés, la biomamá pilla 1200$ al mes libres de impuestos por tres niños (uno con 16 años que ni siquiera vive con ella).  La biomamá ha mentido a los niños, ha conseguido que los niños nos mientan a nosotros, los ha dejado, con 8 y 9 años de edad, solos en casa un sábado por la noche.  Ya ha causado mucho daño, pero aún causará mucho más.  ¿Por qué a tantos buenos padres se les está poniendo en el mismo cajón que a los irresponsables?  Dios, ¿hay alguien que pueda ayudar?  Sólo queremos algo de justicia, tal vez la custodia compartida, o acceso igualitario.  ¡Son también mitad suyos!"  Barbara - Manitoba.

"No me gusta hablar en presencia de otros, y acudir (a las audiencias federales sobre custodia infantil y acceso a los hijos de 1998) fue la cosa más difícil que he hecho nunca.  Me habían dicho que habría unas 10 personas en una sala, pero era un auténtico frenesí mediático:  cientos de personas, cámaras, se les llama.  Me dije: 'no estoy haciendo esto por mí.  Estoy haciéndolo para que el próximo infeliz que venga tras de mí reciba un trato justo'.  Es demasiado tarde para nosotros, pero espero que no le ocurrirá a nadie más.  Al final, es su hija (ahora adulta) quien ha pagado el pato.  Eso es lo que dije en mi discurso, en el momento en que no conseguía leer la última línea por el nudo que se me hizo en la garganta.  Las víctimas en este caso son mis hijos, yo misma, mi esposo, pero la gran víctima, finalmente, es su hija.  Porque el sistema le ha incentivado a volverle la espalda a la persona que la crió y que cuidó de ella.  Su padre es un buen hombre, pero ella, ya adulta, está privándose de él".  Mrs. R. - Ontario.

"En Octubre de 1998, mi marido se cayó de un tejado mientras trabajaba (es un carpintero autónomo) y se rompió las caderas.  Siempre hemos pagado pensión alimenticia de 200 $ en los últimos siete años, y tenemos recibos que lo prueban.  Pero cuando se cayó, yo ya llevaba casi un año sin trabajo.  No podía pagar la pensión de su hijo porque no tenía nada:  ni cobertura, ni seguro, ni indemnización.  Bueno, nada de eso le importó a su ex.  ¡De hecho, en medio de todo esto, anunció que se marchaba a Toronto, y que necesitaba MAS pensión para el niño!  Nos sentimos como si estuviéramos tratando con una extraterrestre, porque él estaba confinado a una silla de ruedas y ni siquiera podía lavarse el pelo o ir al baño solo.  Ahora está empezando a recuperarse, pero nunca volverá a andar normalmente, y nunca podrá volver a ser carpintero.  En resumen, en Octubre de 1999 tuvimos que comparecer ante el juzgado y, pagando 500 $, ver  reducido el importe de la pensión.  

La única razón por la que pudimos hacer esto fué porque encontré un trabajo a tiempo completo y porque pudimos convencer a un abogado de que le pagaríamos a plazos.  Pero la orden judicial era PROVISIONAL, de modo que hasta que no salga de los juzgados de Ontario, tal vez durante meses, él continua marcado como un padre irresponsable que debe el equivalente a un año de pensión alimenticia, importe que crece todos los meses.- Melynda, New Brunswick.

"Ya he agotado mis recursos en este asunto y no sé a quién más acudir.  Me casé con él en 1990.  Incluso nuestros principios se vieron invadidos por constantes batallas legales con su primera esposa, por las pensiones y los derechos de visita.  Su primera esposa hizo acusaciones falsas, obstaculizaba las visitas y, en general, nos acosaba.

En una ocasión vino imprevistamente a mi casa cuando mi marido estaba en el trabajo y abandonó a su hija de 6 años diciéndome: 'tómala, es para tí'.  Sólo 12 horas más tarde envió a su novio a coger a la niña.

En otra ocasión pateó nuestra puerta con tanta fuerza que la rajó.  En otra, me dijo que 'destruiría mi vida, mi carrera y mi matrimonio'. Poco sabía yo entonces que eso era lo que acabaría haciendo.

Tras ocho años y medio de sus tribulaciones con su primera esposa, la gota que colmó el vaso fué en septiembre de 1998.  Cuando lo comprendí, pedí la separación.  Si hubiera sabido que su primera esposa iría continuamente  a pedir aumentos de pensión a los jueces que se mostrarían comprensivos con sus mentiras, nunca me hubiera casado con él". - Sra. O. - Ontario.

© Donna Laframboise (Artículo publicado en el National Post el 25 de marzo de 2000. Traducido con permiso de la autora)

Donna Laframboise escribió durante años en el National Post, uno de los dos grandes diarios nacionales del Canadá, artículos muy críticos contra el feminismo omnipresente en la sociedad occidental.  Feminista ardiente en su juventud, poco a poco fue cambiando de actitud ante el feminismo radical, con el que llegó a ser muy crítica, aunque sin dejar por ello de ser fiel a los postulados de feminismo igualitario. Es autora del libro The Princess at the Window: A New Gender Morality ["La princesa en la ventana: una nueva moralidad de género"] (Penguin, 1996), cuyo título es una metáfora de toda la obra de Dona Laframboise.  Su significado se explica en un relato que sirve de introducción al libro. Una princesa vive permanentemente en una de las alas del castillo. Desde su ventana sólo puede contemplar una única perspectiva del paisaje.  Ese punto de vista exclusivo define todas sus ideas sobre el mundo.  Cuando, al cabo de varios años, se muda a otro lugar de su castillo y ve el paisaje desde una ventana distinta, abandona sus antiguas creencias y adopta la nueva perspectiva como fuente de la verdad.

 

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