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La profesora de la universidad comenzó la
primera clase del semestre anunciando que ella
era una “anti-imperialista, anti-
heterosexualidad Marxista-Feminista”. Ella nos
leyó la famosa cita de Robin Morgan, destacada
feminista y antigua editora de Ms Magazine, que
decía “matad a vuestros padres, no a vuestras
madres”. Viendo las caras de los estudiantes,
ella añadió “Matar es demasiado fuerte. Odiar a
vuestros Padres, no a vuestras madres”. Imagino
que ella era moderada.
Uno de los estudiantes masculinos de la clase,
obviamente sintiéndose castigado, dijo la
defensa que yo he oído decir cientos de veces a
los jóvenes – “no nos castigue a nosotros por lo
que ha pasado a las mujeres en el
pasado—castigue a nuestros padres y a nuestros
abuelos”.
He estado
ocultamente dando vueltas a esas palabras muchas
veces, y cuando pensando en mi padre y en mi
abuelo, yo no puedo ayudar, pero si oponerme,
por la carga especial que soportan como hombres,
porque ellos eran hombres, y como estas cargas
especiales han llegado ahora a ser un espacio en
blanco en nuestra historia. Odiar a mi abuelo?
Mi abuelo fue un lechero. Un joven inmigrante
que se alisto para luchar en la guerra Mundial
como gratitud hacia un país que le había
permitido a él escapar de la tiranía de la Rusia
Zarista. Un hombre que, lucho en la decisiva
batalla del Bosque de Argonne en 1918, recibió
el Corazón Púrpura y la Cruz Francesa de Guerra.
Un padre tierno que permanecía levantado media
noche acariciando la frente caliente de hija mas
joven enferma – “un padrazo de sus hijas”—antes
de ir a trabajar al monte por las mañanas. Un
hombre que puso su seguridad e incluso su vida
en juego durante las violentas huelgas y
batallas de 1930, porque creía que los
trabajadores tenían el derecho a unas
condiciones de vida y a un salario decente.
Odiar a mi Padre? El hombre que trabajó seis
días a la semana durante 25 años y aún siempre
tenía tiempo para pasarlo conmigo? Quien no me
dejó caer jamás? El que trabajó 12 horas al día
cuando mi hermana y yo éramos pequeños para que
no nos faltara de nada? Quien recordó
tristemente mientras miraba a su pequeña nieta
que el no recordaba como éramos nosotros a esa
edad, porque rara vez podía estar en casa?
El feminismo
triunfador rescribiendo el pre-feminismo pasado,
como una era oscura donde los hombres como de la
nobleza y las mujeres sus siervas, es la esencia
de la idea de “odia a tu padre”.
Diez millones de
hombres trabajadores de cuello azul –quienes
expusieron sus vidas en las minas de carbón y en
las acerías para que sus esposas e hijos
pudieran vivir con seguridad y confort—han sido
convertidos en opresores. Sus esposas e hijos,
han sido convertidos en sus victimas.
Eliminadas de
muestra historia, son la tragedia de millones de
hombres americanos que han sido asesinados o
lisiados por los que los antiguos sindicalistas
denominaron “el campo de batalla del trabajo”.
Los mineros que murieron en las minas,
explosiones o neumoconiosis pulmonares. Los
marineros y pescadores que murieron en el mar.
Los trabajadores de las refinerías que
fallecieron en las explosiones. Los trabajadores
de las industrias muertos en accidente
industrial. Los trabajadores de la construcción
que murieron construyendo túneles y carreteras a
través de montañas, acantilados o abrasadores
desiertos. Los trabajadores de la construcción
que murieron construyendo nuestros edificios o
puentes, presas, altas construcciones, estadios
o apartamentos.
Todos ellos han sido olvidados, en parte porque
no hay acuerdo institucional que quiera
recordarlos – la derecha generalmente no se
ocupa en pensar en los luchadores de cuello azul
de ayer y en los heroicos hombres sindicalistas,
y la izquierda está en deuda con las feministas,
para quienes cualquier mención a los hombres
como contribuidores especiales o como victimas
está estrictamente prohibidas.
La única parte dejada para los hombres es la
militar, e incluso esta ha sido parcialmente
usurpada. Sabemos hablar de “los hombres y
mujeres que lucharon y murieron en nuestras
guerras”, como si incluso el uno por cierto de
nuestros desastres militares hubieran sido
sufridos por las mujeres, o como si las mujeres
hubieran sido oprimidas como lo son los hombres
ahora.
Las feministas en un momento vilipendiaron a
nuestra sociedad –correctamente—por ignorar la
masiva contribución oculta de las mujeres en el
cuidado infantil y de los hogares. Ellas hacen
nuevas e interesantes preguntas como “Quien
cocinó la última comida?” e incluso mejor “Quien
lavó los platos después?”. Pero nosotros ahora
hemos cerrado el circulo - las especiales y
únicas contribuciones de los hombres (trabajos
peligrosos, de muchas horas de duración, largos
viajes, mucho tiempo lejos de la familiar, etc )
son ignorados, y cualquier referencia a ellos
como una carga masculina es “sexismo”.
Yo pensé en esto recientemente cuando lleve a mi
hijo pequeño a una gran exposición de modelos de
trenes de América, de entre 1940 y 1950. Mirando
el enorme escaparte de trenes atravesando las
cimas de las montañas, de puentes y armaduras de
carreteras elevándose miles de pies por encima
de los cañones y de los ríos, de ciudades y de
sus industrias y minas de carbón, de las
elevaciones industriales mayores de la antigua
América. Yo me sentí hombre en mi interior. Yo
se que este fue un mundo donde muchos Americanos
fueron terriblemente maltratados –negros,
hispanos, algunas mujeres y con frecuencia, la
clase pobre y trabajadora. Aun no podría ayudar
tampoco, pero siento un tirón de nostalgia como
si mirara hacia un mundo en el que los hombres
–por su ingenuidad, fuerza, y coraje
físico—hubieran labrado la jungla. Hombres de mi
generación han soportado la critica
pacientemente, e incluso los mejores de nosotros
deben luchar solo para mantener el estatus moral
automáticamente otorgado a las mujeres. Aun en
el mundo antiguo, parece que había respeto a los
hombres y a los especiales sacrificios que
hicieron.
Y quizás algún
día, el dicho del profesor “odia a tu padre” sea
dejado a un lado, haya mas respeto a los
sacrificios que mi padre y mi abuelo hicieron,
los excepcionales sacrificios masculinos que
hicieron.
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