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Aquellos de
nosotros que trabajamos en el campo de la
violencia doméstica nos enfrentamos diariamente
con la difícil tarea de trabajar con mujeres
dentro de familias problemáticas. En mi
experiencia con la violencia familiar, he
llegado a reconocer que hay mujeres implicadas
en relaciones violentas de carácter físico y/o
emocional las cuales muestran y exhiben
trastornos más allá de lo esperado (y de lo
aceptable) en una situación de estrés. Estas
mujeres, motivadas por profundos sentimientos de
venganza, rencor y animosidad se comportan de
una manera particularmente destructiva;
destructiva para ellas mismas pero también para
los restantes miembros de la familia, de tal
manera que complican una situación familiar, ya
de por sí mala, en algo mucho peor. He
considerado justificado describir a estas
mujeres como "terroristas familiares". Mi
experiencia me dice que los hombres también son
capaces de comportarse como "terroristas
familiares", pero la violencia masculina tiende
a ser más física y explosiva. Disponemos de
miles de estudios internacionales sobre la
violencia masculina pero hay muy pocos sobre el
porqué y el cómo de la violencia femenina.
Pareciera como si hubiera una conspiración de
silencio sobre las enormes cifras de la
violencia ejercida por las mujeres. Como el
"terrorismo familiar" es una táctica ampliamente
utilizada por las mujeres con las que he
trabajado en el campo de la violencia doméstica,
enfocaré este problema discutiendo solamente mi
trabajo con mujeres.
La potencial capacidad para los comportamientos
terroristas podría permanecer latente durante
muchos años, manifestándose en toda su plenitud
sólo bajo ciertas condiciones. He encontrado
que, en muchos de los casos, es la disolución o
la amenaza de la disolución familiar la que pone
de relieve la destructividad terrorista. Resulta
esencial comprender que anteriormente a la
disolución familiar la potencial terrorista
juega un papel en la familia que no es, en
absoluto, pasivo. La terrorista es el miembro de
la familia cuyos estados de ánimo se imponen a
la familia, cuyos caprichos y acciones
determinan el clima emocional del hogar. En este
escenario la terrorista podría ser descrita como
la "tirana" familiar, la que mantiene el control
y poder sobre las emociones de todos los otros
miembros. La familia bien podría ser
caracterizada como violenta, incestuosa,
disfuncional e infeliz, pero el principal
responsable del inicio de los conflictos es la
terrorista o la tirana que impone sus arrebatos
histriónicos en las situaciones de calma, o (de
modo invisible o más sutilmente) que
calladamente manipula a los otros miembros a
través de sentimientos de culpabilidad o de
astutas e imperceptibles provocaciones. (La
terrorista silenciosa y manipulativa es, muy a
menudo, la terrorista que mejor pasa
desapercibida. A través de la creación de una
continua confusión, esta terrorista puede,
virtualmente, llevar a otros miembros de la
familia al alcoholismo, a las drogas, a
comportamientos explosivos e incluso al
suicidio. Por consiguiente, los otros miembros
de la unidad familiar, son erróneamente
considerados como "el problema de la familia",
al tiempo que la discreta terrorista es
percibida como una santa mujer "que tiene que
aguantarlo todo".)
Mientras la familia permanece "unida", en una
desdichada unión más que en una verdadera
unidad, la terrorista mantiene su poder. Sin
embargo es, a menudo, la separación de la
familia la que compromete el dominio de la
terrorista y, consecuentemente, la reducción de
su poder. Es pues, por consiguiente, la
disolución familiar, el momento en que, más a
menudo, la terrorista se siente más amenazada y
más sola y por lo tanto es más peligrosa.
Es en esta situación de temor en la que la
terrorista se propone la consecución de una meta
determinada. Existen numerosos objetivos para la
terrorista incluyendo: la reunificación de la
familia otra vez, o asegurar que los niños (si
hay niños en la relación) permanezcan bajo su
control, o la activa destrucción emocional,
física o financiera del esposo o del ex-esposo.
Cuando fue evidente para Adolfo Hitler que ganar
la guerra era imposible ordenó a las tropas que
le quedaban destruir Berlín: si no podía ganar
la guerra consideró que lo mejor para su imperio
era que compartiera con él su destrucción
personal. Similarmente, la terrorista familiar,
perdiendo o habiendo perdido su supremacía,
procurará traer la ruina (y en casos extremos la
muerte) a los otros miembros familiares.
La terrorista familiar, como el terrorista
político, está motivada por la consecución de
una meta. En los intentos para "desarmar" a la
terrorista, es de vital importancia que el
terapeuta comience su intervención intentando
identificar y comprender la meta de la
terrorista.
Como en el caso del terrorista político, el
origen de la meta de la terrorista, puede
provenir de algún agravio "legítimo". La
legitimidad del agravio podría ser considerada
en términos de sentimientos justificados de
indignación en respuesta a una injusticia o
agresión actual, o la legitimidad podría existir
únicamente en le mente de la terrorista. Si esta
legitimidad es real o imaginada, el agravio es
el punto inicial de la motivación de la
terrorista. Un signo distintivo de una
terrorista emocional es que esta motivación
tiende a ser obsesiva por naturaleza.
¿De dónde proviene esta obsesión? ¿Por qué
representa un impulso tan poderoso? En muchos
casos, el agravio actual que manifiesta la
terrorista contra el esposo tiene muy poco que
ver con él. Aunque la terrorista podría ser
consciente únicamente del agravio que el esposo
le pudo hacer, el dolor de ésta ofensa (real o
imaginada) es, invariablemente, un eco del
pasado, una recreación, un reflejo de una
situación traumática de la infancia de la
terrorista. No describiré con detalles los tipos
de infancia que, consecuentemente, conducen a
los diferentes tipos de terroristas. Sin embargo
yo diría que, invariablemente, la infancia de la
terrorista, una vez conocida, podría ser
etiquetada como violenta (emocional y/o
físicamente). También, invariablemente, la
terrorista podría ser considerada como una
persona "propensa a la violencia". Defino a una
mujer propensa a la violencia como una mujer que
quejándose de que ella es la víctima inocente de
la malicia y de las agresiones de todas las
otras relaciones habidas en su vida es, de
hecho, una víctima de su propia violencia y
agresión. Una violenta y traumática infancia
tiende a crear en el niño una adicción a la
violencia y al dolor (una adicción en todos los
niveles: emocional, física, intelectual y
neuroquímico), una adicción que empuja al
individuo a recrear situaciones y relaciones
caracterizadas por más violencia, más peligro,
más sufrimientos, más dolor. Así, es
principalmente el dolor residual de la infancia,
y sólo secundariamente el dolor de la actual
situación familiar la que sirve como el ímpetu
de la motivación de la terrorista. Hay algo de
patológico en la motivación de la terrorista,
porque está basada no tanto en la misma realidad
como en una visión torcida, una distorsión, una
recreación de la misma.
Como la terrorista emocional es una persona
propensa a la violencia, adicta a la violencia,
las acciones de la terrorista deben ser
entendidas como las acciones de una adicta.
Cuando la familia estaba junta, la terrorista
encontraba satisfacción para cualquiera de sus
insanas apetencias y adicciones. Cuando la
familia se disuelve, la terrorista se comporta
con la misma desesperación, la misma obsesión,
el mismo simple objetivo de cualquier adicto
enfrentando o sufriendo el síndrome de
abstinencia.
La simplicidad de su pensamiento y la
parcialidad de los sentimientos, son ,quizás, el
sello más importante de la terrorista emocional.
Más aún, la magnitud de esta unilateralidad es,
para el terapeuta, quizás, la mejor medida e
indicador de hasta dónde pueden llegar a ser de
extremadas las acciones de la terrorista.
Cualquier persona que padece una situación
familiar desgraciada, o atraviesa por la ruptura
de una relación o de un matrimonio, sentirá
algún tipo de dolor y desesperación. Una persona
relativamente bien equilibrada, sin embargo,
será consciente no sólo de su propio malestar,
será sensible, en algún grado, al sufrimiento
del resto de los miembros de la familia. (Por
ejemplo, unos padres relativamente bien
equilibrados cuando enfrentan un divorcio,
estarán más preocupados por el bienestar
emocional de sus hijos que por su propio dolor)
No así la terrorista emocional. Para ella sólo
hay una persona equivocada y una víctima, sólo
hay una persona que sufre: esta persona es ella
misma. La terrorista emocional sólo empatiza y
siente su propio dolor. De esta manera la
sensibilidad para empatizar sentimientos de la
terrorista es narcisista, solipsística y, de
hecho, patológica.
Como anteriormente decía, no intentaré detallar
aquí los factores de la infancia que conducen a
la creación de una terrorista emocional. Lo que
es, sin embargo, evidente, es la limitada o
inexistente capacidad para reconocer los
sentimientos de los otros de la terrorista
emocional, así la capacidad para entender las
emociones y sentimientos, más allá de los
límites del propio yo, fue atrofiada en momentos
cruciales del desarrollo infantil, debido a una
multiplicidad de razones. Posteriormente, la
terrorista adulta elaborará relaciones que no
serán, en algunos niveles, verdaderas relaciones
sino recreaciones de los miedos infantiles, de
los mismos escenarios, situaciones y guiones.
Durante la relación, la solipsística terrorista
no se comportará genuinamente en respuesta a las
emociones de los otros miembros de la familia,
más bien los utilizará para la recreación y
puesta en escena del programa terrorista. Y
cuando, finalmente, la relación enfrente su
disolución, la terrorista será sólo consciente
de su propio dolor, indignación y sentimientos
no empáticos para los otros miembros de la
familia y procederá de manera unilateral en la
persecución de su propia meta, ya sea la
reunificación, la ruina o la venganza. La
perspectiva de la terrorista no está modulada
por la objetividad. En lugar de eso, la
terrorista vive en un limitado mundo de absoluto
dolor subjetivo y enfado. Como la conciencia
consiste, sobre todo, en el reconocimiento de
los sentimientos de los otros tanto como de los
propios, el comportamiento de la terrorista
emocional puede, muy a menudo, ser descrito,
virtualmente como un comportamiento sin
conciencia. Es en esta falta de conciencia donde
descansa el peligro potencial de la verdadera
terrorista y, por otro lado, el grado de
conciencia mostrado es una útil medida, en mi
trabajo, para anticipar su destructividad.
Un factor adicional que hace tan peligroso a la
terrorista, es el hecho de que mientras persigue
su monomaniático objetivo, se siente estimulada
por un sentimiento de omnipotencia. Quizás sea
verdad que uno se imagina omnipotente cuando, en
realidad, uno está en una situación de
impotencia (como en el caso de la pérdida del
control familiar cuando se produce la
disolución). Sea cual sea el origen de su
sentimiento de omnipotencia, la terrorista se
cree imparable, sin las limitaciones impuestas
por la conciencia o la empatía y cree que ningún
coste (para ella o para los otros miembros de la
familia) es demasiado alto para conseguir su
objetivo.
La terrorista y sus acciones no conocen límites.
(La estimación de la magnitud de su falta de
límites representa el principal desafío de mi
trabajo). En su intento de alcanzar la meta (o
quizás mejor un "infierno retorcido" como una
expresión más descriptiva y acertada) la
terrorista perpetrará las siguientes acciones:
acechará al esposo o ex-esposo, agredirá al
esposo a la nueva compañera del esposo,
telefoneará a los amigos comunes y a los socios
del esposo en un intento de arruinar su
reputación, fabricará cargos criminales contra
el esposo (incluyendo la serie de denuncias por
abuso contra los niños), escenificará intentos
fallidos de suicidio con intención manipulativa,
intentará separar a los niños del esposo
arrebatándole la guardia y custodia, atentará,
con actos vandálicos, contra la propiedad del
esposo, asesinará al esposo y/o a los niños en
un acto de venganza. De acuerdo a mi experiencia
tanto hombres como mujeres son igualmente
culpables de los comportamientos descritos más
arriba, pero como el comportamiento disfuncional
masculino es el que más comúnmente ha sido
estudiado y descrito, la gente no llega a darse
cuenta que las mujeres son igualmente culpables
de esta clase de comportamiento violento.
Mi definición de un "terrorista familiar" o
"terrorista emocional" es: una mujer o un hombre
(pero para los propósitos del presente trabajo
me refiero únicamente a las mujeres) el cual,
patológicamente motivado (por tendencias
irresueltas de una infancia problemática), y
patológicamente insensible a los sentimientos de
los otros miembros familiares, busca de manera
obsesiva, a través de desaforadas acciones
alcanzar una meta destructiva (y por
consiguiente patológica) que implica a los otros
miembros de la familia.
Por tanto, este perfil pertenece a individuos en
diferentes grados. Mucha gente, infeliz dentro
de una relación o infeliz por la disolución de
la misma, podría presentar ocasionalmente
periodos de comportamiento "irracional". Lo que
caracteriza, sin embargo, a la "terrorista
emocional" es que los comportamientos vengativos
y destructivos son la norma; los momentos de
calma y de lucidez son lapsos, momentáneos
remansos de calma en medio de la tormenta.
También, hay mujeres las cuales, víctimas de una
relación desdichada o después de la misma
presentan un comportamiento más autodestructivo
que dañino para los demás. Para la otra parte,
que abandona a esta clase de individuo, el
simple pensamiento de abandonarla se hace
difícil e insostenible por lo frecuente de
quejas absolutas del tipo "Yo no puedo vivir sin
ti" o "sin ti yo estaría mejor muerta".
Seguramente existen muchas mujeres
extremadamente dependientes en sus relaciones ,
las cuales, probablemente sufrieron algún tipo
de traición emocional durante su infancia, y que
sinceramente sienten que sus vidas fuera de la
relación serían solitarias e insoportables.
Resulta difícil dejar a este tipo de mujeres , y
los hombres que lo intentan pueden llegar a
sentir que al dejarlas serían responsables de
darle un golpe mortal a una, ya de por sí, pobre
infeliz. Los hombres, muy a menudo quedan
atrapados en sus relaciones , las cuales podrían
ser consideradas como "campos de concentración
personales", por el hecho de un sentimiento
genuino de caballerosidad hacia su compañera.
Las mujeres suelen poner mucho más de sí mismas
en sus relaciones y, por consiguiente, sufren
cuando sus relaciones fracasan.
Es una pregunta interesante si esta suerte de
individuos con inclinaciones suicidas podrían
ser considerados como terroristas emocionales.
(Para mucha gente, sin duda, estos individuos
serían clasificados en la categoría de
"chantajistas emocionales). Creo que ,
lamentablemente, hay gente, profundamente dañada
durante su infancia que ciertamente no puede
afrontar la vida por ellos mismos. Cuando
trabajamos con estos casos potenciales, sin
embargo, tratamos de hacer entender al compañero
que quiere dejar la relación que las
inclinaciones suicidas han estado presentes en
la relación durante muchos años, y que pese a lo
trágico de la situación, una persona no puede
ser considerada responsable de proteger a otra
persona de por vida. En algunos individuos, la
auténtica (aunque insana) añoranza por la muerte
es un deseo enraizado en ellos desde la más
temprana infancia, y en estos casos, es muy poco
lo que un compañero puede hacer para alterar el
aparentemente inevitable curso de esta pulsión.
Entre las verdaderas terroristas, sin embargo,
las amenazas de suicidio pueden ser
consideradas, en gran parte, como tácticas
dentro de un rol manipulativo. En resumen, la
terrorista dice, " Si tú no puedes hacer lo que
yo de digo, me mataré". Si el suicidio permanece
como una amenaza o es realizado, el verdadero
terrorista utiliza el suicidio no tanto como una
expresión de una pena desesperada sino como un
arma para ser empuñada contra otros.
En el trabajo con clientes que están luchando
dentro de una relación o en un proceso de
disolución de la misma, me he enfrentado con
muchas cuestiones, todas relevantes para medir
el potencial terrorista femenino: ¿Perseverará
la mujer en sus intentos de arruinar
financieramente a su compañero? ¿Es ella sincera
cuando promete matar a su compañero o de matarlo
si se implica en una nueva relación? ¿Son las
amenazas de suicidio sinceras o manipulativas?
¿Llevará adelante sus amenazas de utilizar la
ley para "secuestrar" a sus hijos para lastimar
a su compañero? ¿Lavará el cerebro de los niños
hasta el extremo de que su ex-compañero no se
atreva a formar una nueva relación?
El terrorismo emocional no es un tema confinado
al contexto familiar. Conozco una exitosa mujer
en el mundo de las bellas artes. Esta mujer ha
sido perseguida por una antigua asistente suya
la cual, vicariamente se imagina a sí misma como
la misma escritora, viste como ella, la acecha y
hace manifestaciones publicas en las que afirma
que ha sido ella la creadora de las obras de
arte por las que la escritora es
internacionalmente famosa.
En situaciones de terrorismo emocional y
familiar, hay dos áreas susceptibles de ser
abordadas. Medidas prácticas de protección
("estrategias de supervivencia") para una parte
de los miembros de la familia, y el trabajo
terapéutico con el mismo o la misma terrorista.
Debo reiterar, en esta fase, que tanto los
hombres como las mujeres son capaces de tácticas
terroristas pero que los hombres tienden a
comportarse de una manera más violenta
físicamente dentro de la familia. Las mujeres,
como he mostrado utilizan más a menudo tácticas
sutiles, por ejemplo, tácticas de la terrorista
opuestas a una guerra abierta y clara.
El primer paso, por parte de los otros miembros
de la familia, para limitar el potencial
destructivo de la terrorista consiste en
comprender que la terrorista es una terrorista.
En un caso reciente, el Sr. Roberts me describía
cómo, durante su matrimonio, él y sus hijos se
enfrentaban a diario con la violencia de los
abusos verbales de su mujer. La Sra. Roberts
también era violenta con los niños. Ahora que él
ha solicitado el divorcio, ella está haciendo
uso de todas las armas de su arsenal. En
presencia de los niños ella ha tomado drogas y
bebido alcohol hasta el punto de la intoxicación
extrema. Ha escenificado intentos infructuosos
de suicidio en presencia de los hijos; ha
amenazando, por teléfono, con "hacer una
estupidez"; ha prometido matar a la nueva
compañera del Sr. Roberts, y ha asegurado al Sr.
Roberts que cuando ella acabe con él, no le
quedará ni un penique a su nombre. Al Sr.
Roberts este tipo de comportamientos le parecían
perfectamente normales. Después de todo él había
presenciado esta clase de conductas durante los
trece años de su matrimonio. Cuando le sugerí
que "lo que tú has padecido es terrorismo
emocional", repentinamente, y por primera vez,
fue capaz de ver su situación con claridad. En
ese momento, el comprendió que el comportamiento
de su esposa no era ni apropiado ni aceptable.
Ese tipo de comportamientos no son los que
ningún hombre podría esperar de su mujer ni
dentro ni fuera del matrimonio. No, ahora el Sr.
Roberts no desea que sus hijos sean sometidos
por más tiempo a tales comportamientos extremos.
En una primera etapa resulta esencial el hecho
de reconocer a la terrorista.
Ya que la terrorista viene estimulada por un
sentimiento de omnipotencia y está dispuesta a
comportarse sin límites de ninguna clase
(usualmente animada por alguna terapeuta
feminista que insiste en que sus clientes sufren
de "baja autoestima") deben tomarse medidas
prácticas para definir claramente los límites
del comportamiento. Resulta desafortunado que la
situación legal de muchos mandatos de acuerdos
de divorcio quede abierta. Ciertamente, cuando
ambas partes de un divorcio son razonablemente
equilibradas, es completamente ajustado al
acuerdo ser lo suficientemente flexible para
considerar circunstancias cambiantes tales como
los aspectos financieros, la custodia de los
niños y los derechos de visita. Sin embargo,
cuando uno de los litigantes en el divorcio es
un terrorista emocional, los procedimientos de
un divorcio contencioso y los acuerdos abiertos
ofrecen infinitas oportunidades para que los
tribunales, abogados y la corte de psicólogos
llamados a las evaluaciones, sean utilizados
como armas por parte de la terrorista. En estos
casos, los tribunales y los procedimientos de
divorcio proporcionan un marco sin límites a la
terrorista; más aún, todo ello permite, a la
terrorista, continuar su comportamiento
desaforado.
Por esta razón, cuando se está lidiando con una
terrorista emocional lo mejor para el proceso de
divorcio es que la sentencia sea tan rápida,
acabada, absoluta e inequívoca como sea posible.
Muchos de los profesionales y abogados que
trabajan con divorcios están familiarizados con
clientes descritos como "litigiosos". Únicamente
cuando la "litigiosidad" es vista como una
manifestación de terrorismo el proceso de
separación puede ser conducido rápidamente hacia
acuerdos legales precisos.
Para limitar los sentimientos de omnipotencia de
la terrorista hay muchas medidas efectivas. El
principio fundamental , con en el manejo de los
terroristas políticos, debe ser: "No se negocia
con terroristas". Las llamadas telefónicas
inacabables, las conversaciones, los
enfrentamientos, los intentos de "volver
juntos", la correspondencia, las visitas, los
gestos de apaciguamiento y los esfuerzos para
aplacar las demandas de la terrorista, todos
sirven para reforzar la creencia de que ella
está consiguiendo algo. Únicamente una actitud
de firme resolución demuestra a la terrorista
que su poder es limitado.
Más aún, para cualquiera que trate directamente
con la terrorista, las palabras de refuerzo,
"elevadoras de la autoestima", las "caricias" y
las consolaciones son, lamentablemente,
contraproducentes. La Sr. Roberts encontró
pronto una terapeuta feminista para apoyar de
manera acérrima la creencia errónea de que
"todos los sentimientos (y por consiguiente los
comportamientos) son lícitos". Así, le fue
dicho, por esta terapeuta, que tenía derecho a
sentirse y a comportarse de cualquier manera que
eligiera, en un alarde de desalmada indiferencia
por la devastación infligida a los niños. Tales
afirmaciones únicamente sirven para reforzar la
ya patológica, solipsística e infinitamente
autojustificada perspectiva de la terrorista.
Para afrontar la segunda etapa de desarme de la
terrorista ?la intervención personal con la
propia terrorista- el terapeuta debe estar
preparado para ser franco, honesto y directo. En
mi trabajo con mujeres terroristas he encontrado
que, algunas veces, algo bastante simple puede
aplacar a la terrorista: "Te estás comportando
como una terrorista. Eso es lo que tú estás
haciendo. Así es como estás siendo tú de
destructiva. Esta es la destrucción hacia la que
te diriges", y la terrorista, viéndose a sí
misma claramente, por primera vez, podría tener
el valor de reconsiderar su comportamiento. Sin
embargo, lo más común es que sea necesaria una
profunda terapia. Para conseguir que el
comportamiento de la terrorista cambie, primero
debe haber un cambio firme y radical en la
constitución psicológica de la terrorista. Muy a
menudo este cambio sólo puede lograrse a través
de una investigación profunda y una resolución
de los traumas de la temprana infancia para que
la terrorista pueda comenzar a conseguir una
percepción real, verdadera y consciente de su
propia situación actual.
La intervención directa con una terrorista- como
cualquier forma de intervención terapéutica-
sólo puede esperar conseguir cambios si el
individuo posee el correspondiente deseo de
cambiar y todavía dispone de la inefable
cualidad vital del "impulso hacia la salud".
Cuando el "impulso hacia la salud" ya no existe,
el cambio podría no producirse. Si la terrorista
no puede o no desea cambiar, únicamente se puede
ayudar a los otros miembros de la familia a ser
resueltos, fuertes y, cuando ésto sea posible, a
mantenerse alejados. (Traducción de JBC)
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